CÓMO PREPARAR A NUESTRO ORGANISMO PARA SEMANA SANTA

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Comienza la Cuaresma y con ello, la renovación personal, comunitaria y eclesial. Desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Pascua, el catolicismo celebra su mayor y más grande concepción: la resurrección de Jesucristo. En México, el Episcopado Mexicano invita a la sociedad a reservar ese periodo de tiempo a la reflexión, a la conversión espiritual, en busca de alejar malos pensamientos y auxiliar a los semejantes.

Desde el siglo IV, el Cristianismo toma posición como religión oficial, comenzando en Roma. Los cristianos adoptan 40 días de penitencia (remembrando los 40 años que el pueblo de Israel se mantuvo en el desierto, mientras se dirigían a la tierra prometida, implicando toda suerte de adversidades), para celebrar la victoria de Cristo sobre el pecado. Durante ese tiempo litúrgico, se practican una serie de costumbres, como la imposición de las cenizas el primer miércoles de la Cuaresma, así como la oración. En tanto, la Iglesia ha reforzado algunas prácticas, como el ayuno y la abstinencia, rehuyendo de los placeres terrenales y así, en sus propias palabras “sujetar la carne al espíritu”.

Con el paso del tiempo, estas prácticas y costumbres se han ido transformando, hasta terminar en actos de buena fe. Sin embargo, todavía existen feligreses que respetan algunos hábitos, como el ayuno, que consiste en abstenerse de comer carne todos los viernes pertenecientes a la Cuaresma. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nos dice que de la población total en México, casi un 75% ejerce como religión el Catolicismo; cierta fracción de este espectro poblacional se privará voluntariamente de las proteínas que aporta esa fuente alimenticia. Sin embargo, la Cuaresma no debe representar una limitante en el valor nutricional del día a día.

Primeramente, es conveniente ver el ayuno como un pretexto para purificar el organismo, ya que se constituye como el método más natural para regenerar el organismo, descansar la digestión y eliminar sustancias tóxicas, casi siempre generadas por el café, el tabaco, el alcohol y la carne.

Sin embargo, no podemos prescindir de las proteínas, vitaminas y hierro que aporta este alimento. Una ración de 120 gramos, aporta una tercera parte de las proteínas que requiere una persona a lo largo del día. La carne beneficia principalmente al cuerpo de hierro hémico, necesario para la formación de hemoglobina en los glóbulos rojos y mioglobina en el tejido muscular, estas dos últimas fundamentales para transportar oxígeno a la sangre y facilitar su circulación. También, el hierro contribuye al funcionamiento del sistema nervioso central, reflejándose en funciones básicas del diario, como el aprendizaje y la memoria.

Si el feligrés se abstendrá de la carne, deberá preocuparse por consumir una cantidad adecuada de huevos, lácteos, pescado, vegetales y legumbres. Previamente, el cuerpo humano podría ser condicionado a una ingesta superior a la normal, de frutas, verduras y cereales, para así reservar glucosa en la sangre.

Por lo tanto, la cuaresma no debería representar un pretexto para descuidar nuestra alimentación y por tanto, excederse en el consumo de alimentos bajos en nutrientes y de fácil acceso adquisitivo.

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