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Un oso de peluche puede ser un gran compañero para tus hijos. Durante la infancia, el oso de peluche se vuelve un compañero nocturno que ayuda a espantar a los monstruos que salen debajo de la cama. Además de ser nuestro confidente, es un excelente compañero de juegos.

Es muy probable que durante la niñez todos hayamos estado acompañados de un oso de peluche. Pero ahora que somos padres… ¿qué beneficio le puede tener el que nosotros le demos un oso de felpa a nuestro pequeño?

Osos terapéuticos

Según la psicóloga Corrine Sweet, un oso de peluche “evoca un sentido de paz, seguridad y confort. Es muy humano desear que regresen estos sentimientos que vivimos en la niñez, durante nuestra etapa adulta”. Un claro ejemplo de esto es cuando le damos un oso a nuestro pequeño para que duerma solo. Podemos decirle a nuestro hijo que el osito lo cuidará y será su compañero mientras duerme.

Peluches terapéuticos

Existen peluches terapéuticos rellenos de diferentes tipos de semillas y plantas medicinales, que tienen utilidades terapéuticas como:

  • Ayudan en el tratamiento de insomnio en niños y adultos
  • Auxiliares en dolores musculares, reumáticos, entre otros
  • Se llegan a utilizar en terapéuticas de desapego en niños y adultos
  • Utilizados como compañeros de miedo y dificultades de socialización, entre muchos más

Desarrolla la creatividad 

Por si esto fuera poco un oso de peluche ayuda a los pequeños a desarrollar su imaginación, potenciar su creatividad y el control de sus emociones. Así que mientras tu bebé juega a inventar mundos imaginarios donde su mejor amigo y él son los héroes, comienza a desarrollar habilidades que serán de vital importancia durante toda su vida.

Paz y seguridad para el niño

Un oso de peluche brinda paz y seguridad a los pequeños. Por ejemplo, durante un viaje largo, el oso puede servirle de compañía y evitar que se sienta solo. En caso de algún accidente muchos policías y bomberos han adoptado a los osos de peluche como medio para rescatar a los pequeños en apuros.

¿Y en el extremo opuesto?

En la mayoría de los casos, los niños mantienen una estrecha relación con los peluches hasta los seis años, edad en que comienza una nueva etapa. El osito debería perder su papel de “acompañante” y convertirse en su juguete. Si este proceso no se da antes de los ocho años y el niño sigue obsesionado con él, es momento de analizar si existen dificultades psicológicas.

 

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